Taladro marcado a fuego


No puedo dejar de pensar en aquellos viejos (en el buen sentido de la palabra), de los hinchas que fueron a la Bombonera con sus pequeños hijos dándole aquello que ellos no tuvieron y pensaron que nunca iban a tener: El campeonato de Banfield.
La pasión y emoción en estado pudo pudo verse, como cuando Lanús se coronó en 2007, en aquella lejana tercera bandeja de la cancha de Boca, con gente llorando de alegría mientras todavía se le iba la cara de pánico que generó el 0-2. Pero las radios gritaban fuerte los goles del Ciclón en Rosario, y todo fue fiesta al fin. Esa fiesta que quedó aplazada desde 1951, y que muchos que seguramente sufrieron en aquel entonces lograron sacarse la espina. Esto es el fútbol.
Silva, Méndez, Luchetti, Batión, Erviti, James...todos lo hicieron posible. Julio César Falcioni lo hizo posible también, desde su estilo (altamente respetable, como cualquier otro) y desde su llanto-reclamo-pedido luego de la victoria agónica ante Tigre. La dirigencia le volvió a dar lugar a su proyecto (si es que en nuestro fútbol se puede hablar de proyecto) luego de no haber terminado en buenos términos la primera etapa. Pero en estos tiempo de ráfagas furiosas, todo quedó atrás, y el taladro es el nuevo campeón, por primera vez en su historia. La fiesta está desatada.

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