Boca ganó en la pobreza


Al final, después de la lluvia de agua y de papelitos pudo jugarse este clásico devaluado, no solo por el presente de los equipos. Hace tiempo que los superclásicos no están a la altura de lo que indican su historia, tema de más de una previa acá en Otro Deporte. Fue por eso que no subí nada en antes, y me guardé para el post partido.
Hace mucho que los choques entre Millonarios y Xeneize llaman la atención por lo que significan más que por lo prometen en el rectángulo de juego. La versión semanal de ayer volvió a servir como ejemplo, en lo que fue un partido grosero.
Gran parte de la victoria de Boca se sustenta en el pobre nivel de River, en su escaso peso ofensivo y la falta de generación de fútbol. Con esto no quiero decir que Boca no mereció ganar, al contrario: No solo fue un justo ganador, sino que hizo (un poco) más para llevarse otro clásico, contó con más argumentos. Pero lo del equipo de Leonardo Astrada fue llamativo en estas instancias, porque era sabido que tanto River como Boca no jugaron bien en todo el campeonato (tampoco ayer).
Ya pasaron varias horas del encuentro y todavía no logro entender el primer gol de Boca: Primero porque me cuesta creer cómo un equipo puede pretender hacer esa jugada en un tiro libre - lo que me lleva a pensar en una genial lectura y ejecución de Riquelme -. Por otro lado, cualquier defensa de inferiores se hubiese ligado un flor de reto si se come un tanto de estas características.
La sensación que tuvimos todos los que vivos el partido, ya sea por televisión o en el estadio, es que la delantera que presentó ayer Astrada (Funes Mori - Canales) le facilitó completamente la tarea a un defensa de Boca en la que no creía ni sus propios hinchas, sobre todo después de la improvisaciones de último momento (Muñoz de cuatro por Ibarra y el debut de Bonilla, junto en el super clásico).
Se sabe que Marcelo Gallardo ya no es (ni será) más el de antes, aunque siempre se las arregla para demostrar que con lo poco que tiene le alcanza para ser lo más rescatable de River, todo un llamado de atención.
En Boca se pudo ver la necesidad de querer salir de la tremenda semana que vivieron tanto los jugadores como Abel Alves; El túnel que los conducía hacia el vestuario una vez finalizado el partido fue el exponente máximo de la palabra desahogo, con abrazos entre todos y el propio poco efusivo Riquelme levantando los brazos de cara a la gente. Sería muy sano para todo el mundo Xeneize analizar en frío esta victoria y tomarla como uno más, porque el sol no se tapa con la mano.

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