¿Quién tiene la llave para salir?

¿Cómo hacer para no caer en el discurso común y obsoleto, en la frase hecha, en las palabras de siempre, las mismas que se lleva el viento y se come el tiempo? Mientras tanto la violencia nos adueñó, somos parte de ella; Vive con nosotros, la sentimos, la vemos y - lo peor - nos hemos acostumbrado a que todo esto suceda.

El Vélez - San Lorenzo de este último fin de semana se cobró otra víctima en la columna del haber del fútbol. La violencia hace tiempo dejó de ser solo de la sociedad. Abramos los ojos, el fútbol tiene su propia violencia: El fútbol es violencia.

Violencia en los cacheos policiales, a la entrada y a la salida de las canchas. Violencia a la hora de sacar una entrada, de ubicarse. Es violento desde los medios de comunicación, que nos tienen hartos de mensajes malintencionados, de situaciones inventadas y exageradas. El fútbol es violento desde todos puntos de vista, y por supuesto desde las barras, instaladas como un cuerpo más.

“A quién le quepa el saco que se lo ponga”, sin embargo éste parece ser uno muy incómodo, porque nadie tiende a probárselo. Los encargados de frenar o controlar los desmanes y de asegurar la salud de la gente en un espectáculo futbolístico no están aptos. Son muchos los errores a través del tiempo, fallos que no significan goles en contra, sino muertos.

Se sabe que es cada vez más difícil confiar en la institución policial, tanto como que los mismos que se enfrentan a piedrazos - y porqué no tiros - son los que lucran con los colores de nuestro club, y que se sientan con los dirigentes y pactan la manera de ser beneficiados. Todo está enviciado. Salir, es casi imposible.

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