La delgada línea entre acierto y error



Existe una manía popular, casi endémica, de juzgar los actos de un entrenador con el resultado puesto, con los hechos consumados. Sabiendo lo que pasó, se opina en consecuencia, pero llamativamente jamás uno se plantea la escena previa a los acontecimientos.

Pero no solo se opina en contra, también a favor. Cualquier determinación que genere un buen desenlace es tomada como un acierto, cuando se sabe desde que el fútbol es fútbol, en este deporte el azar muchas veces aporta a la causa. Sin embargo el entrenador tiene que ver todo antes, o al menos imaginarse lo que puede llegar a pasar, todas las variantes posibles, las eventualidades frente a cada variable.

Esta semana se dio un ejemplo que muy bien retrata esta situación que se vive desde hace décadas y que cada vez se toma con más impaciencia.

En el partido que Boca empató 2-2 frente a Instituto, Leandro Paredes ingresó a los 54 minutos, junto con Miguel Merentiel, quien apenas un minuto después estableció la igualdad (gran cambio (?)). En un trámite de lucha ante el puntero de la zona A, Boca se vio dos veces en desventaja y logró igualar el marcador, y hasta pudo darlo vuelta.

Pero no lo logró, y además sufrió la lesión del volante campeón del mundo, mejor jugador del equipo, capitán y símbolo, a los 70 minutos, o sea 16 minutos después de pisar el campo de juego, con el agravante que dos días después el Xeneize debía afrontar el primer compromiso de las semifinales de la Copa Sudamericana, ante Vasco da Gama.

El partido en La Bombonera terminaría 1-0 a favor del conjunto brasileño para dejar un semblante de preocupación e incertidumbre por la Ribera. A la ausencia de Paredes se le cargó a Arruabarrena la inclusión de Enner Valencia por Merentiel - el ecuatoriano volvió a quedar en deuda - y el cambio tardío de Sebastián Villa, que ingresó a mediados del complemento por un Flores que no logró sostener el nivel que lo llevó a ser convocado por Lionel Scaloni.

Arruabarrena prepara el partido, actúa al tomar una decisión y ejecuta; luego los resultados se ven en la cancha, pero hay dos tipos de resultados: El del marcador final y el que termina generando de forma directa la elección del DT. No necesariamente una va de la mano de la otra; el score no siempre es directamente proporcional a las resoluciones tácticas/estratégicas. Muchas veces sí, pero no se trata de una regla que se sostenga sin alteraciones.

Una semana después de aquel partido que levantó polvareda se dio una situación muy similar a lo sucedido en Córdoba. Esta vez Boca enfrentó a Vasco en Río de Janeiro, nada menos que en el imponente Maracaná, con Paredes sorpresivamente entre los suplentes, quizás habiendo transcurrido la mitad del tiempo que un desgarro de grado dos requeriría.


El Xeneize realizó un muy buen partido en tierra carioca. Estaba dando vuelta la serie con un 2-0 y se traía la clasificación en el bolso, pero a los 21 del segundo tiempo Flores perdió la marca de José Luis Rodriguez en retroceso, y el Puma la clavó al fondo de la red para devolverle la vida a Vasco, que con el 1-2 forzaba los penales.

Cuando el local parecía llevarse puesto a Boca, Arruabarrena dispuso el ingreso de Paredes. Toda la semana hablando de imposibles, y el Vasco argentino lo hizo realidad.

El volante central ocupó su lugar y trató de hacer lo que más sabe: adueñarse de la pelota , distribuir juego, darle armonía al equipo. A falta de dos minutos, en complicidad con Leo Jardim, metió el tercero de Boca para darle a su equipo el pasaje a la gran final de la Sudamericana.

Por supuesto que hubo quienes criticaron al entrenador por haber incluido a su máxima figura a menos de dos semanas de contraer el desgarro, sin embargo del lado del hincha y los medios partidarios lo que reinó fue la algarabía propia de una gesta semejante ¿Fue buena la decisión de Arruabarrena de poner a Paredes lesionado? ¿Qué parámetros se analizan para determinarlo?

Tranquilamente, Jardim podría haber atajado ese tiro cuya dificultad no era alta, el partido ir a penales y, en esa instancia, Boca quedar eliminado con su capitán resentido de la lesión con otros objetivos por delante.

Nada de eso ocurrió para suerte de Boca, aunque los protagonistas poca responsabilidad tuvieron al respecto (o ninguna). Analizar las consecuencias por decisiones que deben tomarse con anticipación ronda una injusticia a lo que todos están acostumbrados, pero que no hace más que llenar de ruido un lugar que debería prestarse al análisis y el debate enriquecedor para el fútbol y el periodismo.

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