Inter, como un italiano

A Inter le llegó la hora de demostrar en Europa todo el poderío que supo imponer en la Seria A en base a un equipo muy consolidado mediante una constelación de estrellas y una política “derrochadora” similar a la de Real Madrid, peo con menos ruido y más nueces.
Ayer, a la hora de la tarde sudamericana, tras ganarle en el mismísimo Stamford Bridge por 1-0 bajó a un peso pesado como Chelsea, quien sumó otra frustración más ahora frente al técnico que lo había instalado entre los equipos más importantes del fútbol inglés. José Mourinho, con su estilo y arrogancia, se metió nuevamente en los cuartos del principal torneo de clubes del mundo. Inter no jugó bien en el balance de la eliminatoria. En el partido de ida disputado en San Siro sufrió mucho para obtener el 2-1 (Cambiasso y Milito), y ayer casi que se encontró con el gol de Eto’o ante la desesperación de los Azules, que buscaban anotar con más ganas que ideas.
Los milaneses hicieron alarde de su solidez defensiva, con un esquema que contaba con tres delanteros y un enganche, aunque dos de esos atacantes (Eto’o y Pandev) fueron utilizados como carrileros (si, leyeron bien) y Wesley Sneijder, el enlace, bien metido con la cola en su propio campo. Desde allí, los dos centrales se convirtieron en muros y la salida rápida de Maicon y el propio Pandev le rindieron; Sin embargo no inquietó demasiado al arco local.
Dada la idea y su posterior ejecución, sumada al 1-0 final que le dio el pasaje a Inter a los cuartos de la famosa Chanpions, se podría deducir que el equipo de Milán parecía italiano. No, no hay un error de tipeo: Este equipo es “tano” por concepto y no desde los nombres, ya que salvo Marco Materazzi ninguno de los jugadores que actuaron ayer en Londres nacieron en aquel país. Julio Cesar, Maicon, Lucio y Thiago Mota, de Brasil; Samuel, Cambiasso y Zanetti, argentinos; Eto’o camerunés, Sneijder es holandés, Pandev oriundo de Macedonia, Dejan Stankovic es serbio y McDonand Maringa keniata.
Pese al “collage” de naciones distribuidas en el campo de juego, y a cierto aire ofensivo innato de los protagonístas, Inter es fiel a su sangre, la de la historia italiana, lleno de estrellas en pos de de un riguroso planteo táctico que, por virtudes propias y errores ajenos, no mostró fisuras y logró meterse en la definición que se le negaba hace mucho tiempo.

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