La historia puede repetirse

No hace mucho tiempo, precisamente en Noviembre de 2008, fui testigo una vez más del exitismo, nerviosismo y altanería que nos agarra a los argentinos cuando opinamos sin conocer del todo el tema. En aquella oportunidad el turno fue de la Copa Davis, cuya final fue perdida en Mar del Plata ante España.
Los “gurús” del deporte blanco (que salían por debajo de las piedras) se rasgaron las vestiduras tras caer vencidos en nuestra propia casa, sobre la carpeta que “decidimos poner” siendo los máximos favoritos para llevarse la ensaladera de plata.
Alberto Mancini había sido el culpable “por no haber sabido armar un equipo” (¿?), y los propios protagonistas fueron tildados de “antipatria” (¡cómo nos gusta usar ese adjetivo!) por no tirar todos para el mismo lado, más aún luego de conocerse las inocultables diferencias entre David Nalbandián y Juan Martín Del Potro, ante las cuales, como no podía ser de otra manera, todos comenzaron a tomar partido por uno u otro.
Esta situación me vino a la mente cuando ví a través de mi televisor cómo el equipo se fundía en un abrazo en el centro del court del Kungliga Tennishallen tras la hazaña con “medio Nalbandián” en Estocolmo.
Ahora, a ganar la copa ¿no? Pues para ello necesitamos que tanto David como Delpo estén, y bien. Entre Zeballos y Mayer se encargaron de darle tranquilidad a Tito Vázquez y le dijeron “acá estamos para cuando nos necesites”, teniendo siempre en cuenta que las series no son idénticas entre sí.
A la Argentina ya la espera la fría y hostil Rusia que supo visitar por última vez para la final de 2006, que se escapó por poco. Pero este equipo se siente bien sobre superficies duras y rápidas. Las cosas se pueden dar si las ayudamos, nosotros desde afuera podemos aportar si tomamos las cosas con sentido común.

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