Un campeón al 31%

Me dio mucho gusto ver festejar a Inter de Italia en una nueva conquista europea luego de tantas frustraciones y de haber quedado en la puerta de un título continental en varias ocasiones. Era el título que le faltaba como para reconocerse una potencia del viejo continente, ya que son los logros los que, en definitiva, instalan a los equipos en lo más alto.
Me dio mucho placer ver a Javier Zanetti levantando la “orejona” en lo más alto del Santiago Bernabeu. Su cara no reflejaba otro sentimiento que el de felicidad, el de haber cumplido un sueño y el de alcanzar lo que tantas otra veces se le había negado. Por fin el gran capitán “neroazzurro” pudo regalarle la Champions a toda esa gente que lo ama incondicionalmente, que sabe que es el jugador más emblemático de los últimos 20 años de Inter, sino de la historia.
Pero el título también fue a parar a las manos de un Cambiasso casi perfecto dentro del campo, otra de las joyas de las cuales - lamentablemente - nos privaremos en Sudáfrica; Sus lágrimas también regaron el inmaculado césped de Real Madrid, como así también las de Diego Milito, figura en la noche madrileña con esos dos goles de impecable factura. Por su parte, Walter Samuel volvió a demostrar a lo largo de toda esta temporada que sigue siendo de los mejores centrales del planeta.
Pero atrás de todos los festejos, la emoción argentina y el llanto italiano se sitúa una discusión obsoleta, que se reavivó en el último año y que, de a poco, se va desgastando hasta llegar al hartazgo. Cada vez que Inter pisa la cancha comienza un debate sobre su forma de plantear los partidos, mezquina, a la expectativa del error rival con un plantel abarrotado de estrellas y contratos ultra millonarios. Todo lícito, si.
Esta polémica es alentada desde los medios, que están a favor y en contra. En lo que a mi respecta, tengo la idea de que el fútbol sin la tenencia de la pelota es sufrimiento, y el Inter llegó a picos del 31% en este rubro. Renuncia total al juego. Pero son elecciones, formas de ver y sentir este deporte.
Hoy la “maquinaria” mediática indica que debemos seguir a José Mourinho, “el” personaje del mundo del fútbol por estos tiempos. El mismo que provocó al Real Madrid un eventual gasto millonario solo para provocar su desvinculación del equipo italiano. Su mayor virtud radica en la capacidad de convencimiento para, por ejemplo, hacer jugar de defensor a un delantero consagrado como Eto’o. Esta indispensable característica que todo técnico necesita para triunfar (en mayor o menor medida) será fundamental en su arribo a la Casa Blanca, donde las estrellas abundan.
Claro que el mismo aparato que hoy lo propone como la llave del éxito mañana lo condenará si no sobresale con Real Madrid (preguntar por Manuel Pellegrini) o lo hubiese dejado de lado si aquel segundo gol de Barcelona en Camp Nou habría sido considerado lícito.
Hoy el Inter está en lo más alto de Europa, con su estilo y sus características que lo convierten en un legítimo campeón.

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