Esto es fútbol, que no ni no


La última vez que Uruguay había experimentado una sensación similar fue en 1970, cuando alcanzó las semifinales del mundial de México, aquel del famoso Brasil de Pelé, Jairzinho, Clodoaldo, Rivelinio y Carlos Alberto.
En aquella oportunidad, la Celeste estuvo a punto de amargar al histórico equipo que luego daría la vuelta olímpica y se convirtió, quizás, en el mejor de todos los tiempos. Sin embargo, para que ello ocurriera se sucedieron hechos que, con el tiempo, no siempre quedan marcados en la memoria.
Luis Cubilla, el mismo que jugó el River (64/68) y dirigió no solo al equipo Millonario sino también a Newell’s, Racing y Talleres de Córdoba aquí en Argentina, había dejado a su equipo 1-0 arriba en el marcador a los 19 minutos de la primera mitad, aunque al término de la misma Clodoaldo estampó el empate transitorio.
A los 31 del complemento Jairzinho dio vuelta el partido, la verdeamarelha pasaba a ganar 2-1 y se encaminaba a la gran final. Pero todo estuvo pendiente de un hilo: Nuevamente Cubillas hizo temblar a Brasil dos minutos antes de que el español José María Ortiz decretara el final mediante un silbatazo: El arquero Félix salvó lo que era el empate y la desazón de su equipo. Un minuto después, Rivelino decretó el tranquilizador 3-1.
Probablemente la historia hubiera tenido otros protagonistas, el bronce habría pertenecido a otros nombres si Cubillas anotaba ese segundo gol que se le negó, como así también hubiese sido distinta si ayer en el Soccer City el penal de Gyan no se estrellaba contra el travesaño; Las lágrimas contendrían otro significado, Luis Suárez no sería héroe nacional (y de Nacional), y todo el continente africano tendría un representante en las semifinales.
Sin embargo - esto ya se ha repetido hasta el hartazgo - es fútbol es así. Esta vez la suerte estuvo del lado de un Uruguay que, como bien afirmó Oscar Tabárez durante la entrevista post partido en el campo de juego, no jugó bien pero que poco le importa en estos momentos. De película, por la mano salvadora del 9 y por la sonrisa que nos arrancó Abreu al picar el último penal.
La historia comienza a ser injusta con Ghana, equipo que fue de menor a mayor en este mundial al encontrar sus raíces a partir de octavos de final. Se mostró más amiga de la pelota, más suelta y apegada a ese estilo africano de jugar al fútbol que tan lindo luce. Pero ayer no tuvo su recompensa, Uruguay sí, y continúa.

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