Borghi

A los argentinos ya no nos sorprende nada, nos hemos acostumbrado a casi todo y diariamente continuamos tomando como “naturales” hechos y cuestiones que no lo son tanto.
Quizás en el mundo del fútbol argentino ya no quedan cosas de las cuales horrorizarse, ya hemos visto y escuchado todo; Pero vamos por más. Es tan grande el cayo, que la situación que está viviendo Claudio Borghi luego de haber disputado apenas su segundo partido oficial como entrenador de Boca no nos mueve un pelo.
El Bichi tiene una peculiar forma de ser frente a los medios, distinta porque dice lo que siente, no se envuelve en la desesperación que propone el sistema y contraataca con serenidad. Es muy probable que parte de esa personalidad (que tanto nos gusta a los que disfrutamos escuchar hablar de fútbol) en algún momento le juegue en contra, lo que tampoco es lógico. Lo “normal” es que una persona se exprese a gusto, y no que diga lo que los demás quieren oír.
Hemos sacado lo peor de Borghi. El martes avisó que enojado era “desagradable”, y parece que hoy cierra la práctica: No más camarógrafos en el campo ni en el estacionamiento, al menos por ahora.
Cuesta creer que una persona de sus características llegue a tomar dicha determinación, pero quizás no tenga otro recurso. Los propios periodistas estamos atentando contra nuestro trabajo, y si bien nunca ocurrirá que todos los técnicos del fútbol argentino decidan no mostrar sus entrenamientos, es cierto que si la relación se vuelve insoportable (con el negocio y el “amiguismo” que siempre existirán) estas actitudes serán más frecuentes.
El técnico de Boca se cansó de escuchar “reclamos” acerca de su línea de tres defensores cuando está a la vista que ninguno tuvo problemas en las dos primeras semanas de competencia. Salió a aclarar que nadie lo va a hacer cambiar sus convicciones, y que nunca lo echaron de ningún club (¡solo van dos fechas!).
Continuamos haciendo manuales de lo que no hay que hacer como periodistas, pero lamentablemente nadie se sienta a repasarlos para corregir las formas de trabajo. Después, todos se sienten ofendidos cuando ex futbolistas ocupan nuestros lugares. Hay que replantearse y pensar que son ellos los preferidos de la gente.
Quizás en el mundo del fútbol argentino ya no quedan cosas de las cuales horrorizarse, ya hemos visto y escuchado todo; Pero vamos por más. Es tan grande el cayo, que la situación que está viviendo Claudio Borghi luego de haber disputado apenas su segundo partido oficial como entrenador de Boca no nos mueve un pelo.
El Bichi tiene una peculiar forma de ser frente a los medios, distinta porque dice lo que siente, no se envuelve en la desesperación que propone el sistema y contraataca con serenidad. Es muy probable que parte de esa personalidad (que tanto nos gusta a los que disfrutamos escuchar hablar de fútbol) en algún momento le juegue en contra, lo que tampoco es lógico. Lo “normal” es que una persona se exprese a gusto, y no que diga lo que los demás quieren oír.
Hemos sacado lo peor de Borghi. El martes avisó que enojado era “desagradable”, y parece que hoy cierra la práctica: No más camarógrafos en el campo ni en el estacionamiento, al menos por ahora.
Cuesta creer que una persona de sus características llegue a tomar dicha determinación, pero quizás no tenga otro recurso. Los propios periodistas estamos atentando contra nuestro trabajo, y si bien nunca ocurrirá que todos los técnicos del fútbol argentino decidan no mostrar sus entrenamientos, es cierto que si la relación se vuelve insoportable (con el negocio y el “amiguismo” que siempre existirán) estas actitudes serán más frecuentes.
El técnico de Boca se cansó de escuchar “reclamos” acerca de su línea de tres defensores cuando está a la vista que ninguno tuvo problemas en las dos primeras semanas de competencia. Salió a aclarar que nadie lo va a hacer cambiar sus convicciones, y que nunca lo echaron de ningún club (¡solo van dos fechas!).
Continuamos haciendo manuales de lo que no hay que hacer como periodistas, pero lamentablemente nadie se sienta a repasarlos para corregir las formas de trabajo. Después, todos se sienten ofendidos cuando ex futbolistas ocupan nuestros lugares. Hay que replantearse y pensar que son ellos los preferidos de la gente.
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