River brilló en la devaluación


Era muy necesaria la victoria para los dos. River venía de 7 fechas sin ganar y había echado a su técnico luego de la anterior; Boca sumergido en una gran crisis en todos los ámbitos, deportivo e institucional. El triunfo del Millonario fue, ante todo, merecido dentro del marco de un partido pobre, como estábamos esperando.

La gran diferencia entre ambos se vio en el primer tiempo. River estuvo mucho mejor parado, sincronizado en sus movimientos, y con la pelota en los pies mostraba más conceptos pese al poco tiempo de trabajo del plantel con Juan José López. Las circunstancias dadas por la emoción propia de un clásico y el empuje de su gente también incidieron.

El sector en el que el local tomó ventajas y desde ahí control del juego - siempre en el primer tiempo - fue la mitad de la cancha, con un Roberto Pereyra incisivo por el costado izquierdo, por donde Boca no hacía pie con Jesús Méndez, Por su parte, Acevedo y Almeyda fueron el tándem que mantuvo al mediocampo de Boca y que marcó la posición de River en la cancha.

¿Boca? Mostró su peor versión en mucho tiempo, quizás agravado por el partido que se jugaba. Antes de los 10 minutos del inicio del partido Riquelme pidió el cambio, pero se quedó hasta el final del primer tiempo. Es decir que “jugó” 45 minutos lesionado. Luego entró Chávez, y nada cambio. Pelotazos y un desconocimiento total de lo que debían hacer dentro del campo fue lo que evidenció el equipo de Claudio Borghi, ahora ex entrenador Xeneize.

En el segundo tiempo River encontró rápidamente (8 min) la ventaja y se retrazó en el campo de juego, una decisión que a mi modo de entender el fútbol siempre es peligrosa. Esta vez le salió bien al conjunto de Nuñez, que no sufrió zozobra alguna ya que enfrente había un equipo desfigurado. Claro que en la última del juego el “Phochi” pudo haber decretado un injusto empate.

En conclusión, vivimos más de lo mismo: Un partido malo entre los llamados a ser los dos equipos más grandes de la Argentina. Sus rendimientos en la cancha y los impresentables manejos de sus dirigentes los alejan cada vez más de ese estatus. Pero a River nadie le quita lo bailado, y se dará el gusto de festejar después de mucho tiempo.

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