Nos debe invadir la vergüenza

Una vez más los argentinos estamos equivocando la manera, elegimos mal el camino. Hacemos todo al revés. Nos dejamos llevar por el fervor, por la pasión, lo cual forma un cocktail mortal cuando se mezcla con la demencia, la falta de educación, la locura. Todo esto trasladado al fútbol.

El posible descenso de River pasó a ser una cuestión de estado porque ya trasciende al país futbolero. Si se agarra el control remoto en un zapping fugaz nos podemos encontrar con no menos de cinco canales que tengan algo que decir sobre el tema, no importa si alguna vez se habló de fútbol en esa pantalla.

Ni hablar de los medios especializados. Siempre me resultó muy difícil quitarle dramatismo a una situación que deportivamente es muy triste como un descenso. Si encima se le suma que se trata de un equipo que genera lo que el Millonario genera alrededor de la Argentina, mucho más.

Pero, al fin y al cabo, la pasión y el amor por los colores se canalizan equivocadamente, y desde los medios no se sabe cómo tratar el tema.

El 13 de mayo de 2007 se definía el tercer y último descenso en la Premier League inglesa. Watford y Charlton Athletic ya habían bajado a la segunda división (que se llama “First Division”) y solo restaba saber quién sería el último equipo que los acompañaría. Los candidatos eran Sheffield United y el West Ham de Carlos Tévez y Javier Mascherano.

La historia es conocida: Carlitos fue el gran héroe de la jornada tras anotar el gol de la victoria por 1-0 de su equipo ante el campeón Manchester United nada menos que en Old Trafford. El ex Boca dejó a West Ham en primera, y condenó a Sheffield a la First Division.

Las imágenes que llegaban desde la cancha de Sheffield, que cayó 1-2 frente a Wigan, era la de un público llorando desconsoladamente con todo el dolor de ver a su equipo de la peor manera. Toda la ilusión de quedarse en primera se les había esfumado en apenas 90 minutos de fútbol. Ah, nadie rompió ninguna parte del estadio ni ingresó al campo de juego a pedirle más actitud a ningún jugador.

¿Es imposible eso en nuestro país? Lamentablemente, sí. Por cuestiones que tienen que ver con el pobre nivel social y, también, por la violencia propia del fútbol.

Lo más triste es que sabiendo qué significa el eventual descenso de River, el contexto en el que se desarrolla la noticia está viciado por el negocio, morbo y falta de conciencia de quienes las transmite. Pura vergüenza argentina.

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