La nueva Masía: Orgullo de Barcelona




En los primeros días de Agosto el Fútbol Club Barcelona volvía a ser noticia; Esta vez no se trataba de que algún jugador suyo había deslumbrado dentro del campo de juego, ni tampoco tenía que ver con un título obtenido, aunque sí guarda relación con todo eso.
Los Culès le mostraban al mundo nada más, ni nada menos, que la reinauguración de La Masía, el centro deportivo orgullo desde donde han desarrollado y catapultado a enormes jugadores de fútbol.

Y lo hicieron mediante una presentación que estuvo a la altura de los grandes acontecimientos mundiales. Nos hicieron saber que una nueva etapa ha nacido en esa auténtica cuna de cracks.

Inaugurada por primera vez en 1979, la Masía no solo se trata de una simple pensión donde habitan los juveniles de Barcelona; Es una forma de ser, la manera de vivir y sentir el fútbol de uno de los clubes que hizo escuela a través de la historia y que lo seguirá haciendo por los siglos de los siglos. En Barcelona existe una identificación muy fuerte por el estilo que despliega dentro del campo, algo que aprenden desde muy chicos y del cual nunca tratan de apartarse. Ayer con el gran Johan Cruyff (quien recomendara la construcción de una escuela de fútbol), hoy de la mano de Pep Guardiola.

El sentido de pertenencia es uno de los tesoros más preciados con los que puede llegar a contar un club, y la Masía representa también eso para los “blaugranas”. Invirtieron 11 millones de Euros para remodelar la “casa” de sus futuros jugadores, y la rebautizaron “La Masía, Centro de Formación Oril Tort” en honor a un ex “casa talentos” del club que falleció en 1999 y trabajó en el club por 40 años; Cuenta con 6.000 metros cuadrados y posee lugar para 83 chicos de entre 11 y 18 años.

En la actualidad, el primer equipo de Barcelona cuenta con 11 jugadores en sus filas que salieron de La Masía, al tiempo que 7 de ellos (Xabi, Iniesta, Piquè, Busquets, Valdès, Puyol y Pedro) fueron campeones del mundo en Sudáfrica 2010.

Por suerte Barcelona no solo demuestra que el buen gusto por el juego y el resultado pueden ir de la mano (aunque nos sigan diciendo que es “uno u otro”) sino también que nunca hay que traicionar la propia historia, y que no solo importa el qué sino también el cómo.

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