Copa Davis: Otro año que se va


Promediaba una tarde bien húmeda en Buenos Aires, de esas que caracterizan a la ciudad. Las nubes no permitían que el sol apareciera como en la emocionante jornada del viernes, esa jornada que había terminado con un resultado algo lógico: Victoria no tan fácil de Juan Martín Del Potro sobre Radek Stepanek y luego una derrota de Juan Mónaco ante Tomas Berdych, que tuvo sabor a poco por la enorme entrega y el nivel del tandilense.

Luego de un primer set larguísimo (uno hora) volvió a darse el resultado que todos esperaban cuando la pareja checa, integrada por los singlistas del día anterior, ganó sin atenuantes ante la de Eduardo Schwank y Carlos Berloq 6-3, 6-4 y 6-3. Minutos después, cuando el bullicioso público abandonaba el Mary Terán de Weiss, los pasillos que iban desde las cabinas de transmisión hasta la sala de prensa se llenaron de rumores, y no de los mejores.

La ausencia de Del Potro para el domingo era la noticia que buscaba salir, como cuando se mantiene una corriente de agua desenfrenada mediante un dique. Luego de sus emotivas declaraciones, de su llanto aún más conmovedor tras obtener el primer punto, la raqueta número uno de Argentina estaba por dar la peor noticia del año en materia tenística; La Copa Davis volvía a esfumarse.

La información que todos quería en forma negativa, finalmente llegó de manera positiva y explotó en la sala deprensa del Parque Roca, primero, y en todo el país mediante el incesante eco que generaron los medios de comunicación.

Adiós al sueño una vez más, como tantas otras veces ocurrió. Sin la Torre de Tandil, a las esperanzas de albergar una nueva final - que hasta ese momento no se sabía se era ante España o Estados Unidos -  la palabra “milagro” le quedaba chica. Era imposible.

Nunca una Copa Davis para nuestro país se desentendió de rumores, malos entendidos, peleas, roces. Históricamente este certamen le ha sido esquivo a la Argentina, y como siempre las aguas quedaron divididas dentro del público, que en gran parte despidió con silvidos (y algunas cosas más) a del Potro consumado el pase a la final de los checos. En las afueras del estadio pude escuchar el enojo de muchos por la ausencia de Delpo, y no tanto la desazón.
 
Se habla de la mala relación del tandilense con Martín Jaite, de lo mal que le cayó al equipo sus declaraciones al confirmar su presencia sin siquiera haberse entrenado con ellos. Dicen los “especialistas” que el armado de un grupo ha sido misión imposible a lo largo de los años, y creo que el tenis nuca deja de ser un deporte individual y por ende se necesita de una buena producción de cada uno de los integrantes, aunque quizás sea el compromiso lo que no debe resignarse.

Este deporte ofrece varios condimentos porque es netamente individual, sin embargo se enfrenta a una situación de equipo, una mezcla que casi ningún otro experimenta; El tenis cambia su fisonomía cuatro veces al año en su calendario para que cada jugador deba salir a la cancha por los colores de su país y no ya pensando en su carrera, si es que así lo desea.

Del Potro optó por jugarla, aunque su muñeca impidió que lo hiciera hasta el final ¿Hay que culparlo por eso? No existen muchos casos de tenistas que arriesgan su futuro – inmediato o no – por una causa nacional. Pero lo que no se acepta es la actitud fuera de la cancha, su manejo tanto con el cuerpo técnico como con sus propios compañeros; De hecho, Martín Vassallo Arguello – fue sparring del equipo –, en mi parece equivocadamente, lo dejó bien en claro a través de un tweet, venerando la figura de David Nalbandián al tiempo que dejaba en evidencia a Delpo.

Otro años más con diferentes excusas que exceden a lo tenístico. Por eso duele aún más que la Copa Davis continúe siendo un anhelo.


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