Federer y la fuerza del deseo
Las personas, en su rol de deportistas, tampoco son iguales. Están los aficionados, los profesionales y, dentro de éstos, los buenos, muy buenos y excelentes; pero también existe otra categoría reservada para unos pocos alrededor del mundo, independientemente de la actividad en la que se desempeñen.
Hay deportistas
excelsos, superlativos, cracks. Pero esta denominación excede su condición de atleta
y todo aquello que pueda lograr en el escenario correspondiente, ya sea una
cancha de fútbol, básquet, una pileta o pista de atletismo. Aquellos elegidos
se dieron cuenta de su don y no se quedaron allí. Su disposición a la actividad
y, sobre todo, sus ganas de ser quienes terminaron siendo fue el detonante para
que hoy disfrutemos de sus condiciones y nos deleitemos con sus proezas.
Roger Federer es uno de
los principales exponentes de este grupo de privilegiados. A los 35 años el
suizo volvió al circuito de la ATP luego de seis meses de inactividad. Su
último partido había sido el 8 de julio de 2016; en aquella oportunidad perdió
las semifinales en Wilmbledon ante Milos Raonic y no pudo volver a empuñar la
raqueta. Una lesión de rodilla le puso fin a su temporada, dejándolo afuera –
entre otros torneos – de los Juego Olímpicos de Río.
¿Aquel partido en el jardín
de su casa había sido finalmente un antes y un después en la carrera de Federer?
Quizás se avizoraba el principio del fin.
Perth volvió a encender
la llama. Mejor dicho, la Copa Hopman puso a Federer nuevamente ante los ojos
del mundo; su llama nunca dejó de estar prendida. Regresó con victoria ante el británico
Daniel Evans, y las sensaciones regresaron poco a poco.
Ya siendo 16 del mundo
(su ranking más bajo desde 2002), RF saltó al complejo de Melbourne para
reinsertarse definitivamente en el circuito. El resultado no pudo haber sido
otro que el que dicta su excelencia.
Federer ya está ensemifinales, la número trece del Grand Slam australiano en su carrera. Es
cierto que el cuadro se le allanó con la caída de Andy Murray ante el alemán Zverev,
precisamente víctima del suizo en cuartos, pero para alcanzar esta instancia
tuvo que dejar en el camino nada menos que a Thomas Berdych y Kei Nishikori,
número 10 y cinco del mundo, respectivamente.Se puede hablar del talento del que para muchos es el mejor tenista de todos los tiempos, de su gran recuperación y su condición física. La razón de estar peleando por su décimo octavo grande es su mentalidad. Esa que lo convirtió en lo que es. Su gusto por el tenis está más allá de cualquier cosa; desde sus ganas de regresar como el N°1 que hoy no posee se impone estar a la altura de su carrera, de su legado, de su leyenda.

Comentarios