DNI

El próximo sábado, la selección argentina saltará al Estadio Nacional de Brasilia para medirse ante Bélgica por los cuartos de final de este muy buen mundial de fútbol que estamos viendo en Brasil, entre playas, garotas y compatriotas barras bravas. Irá en busca de llegar a un terreno inaccesible desde hace 24 años; Las semifinales se nos niegan desde que el equipo conducido futbolísticamente por Diego Maradona en 1990 jugara, milagros de por medio, la gran definición ante los alemanes.

Entre tanto relato emocionante, propagandas empalagosas y notas de color, habría que mantener la cabeza dentro de un freezer y logar pensar qué es lo que estamos viendo dentro de la cancha. Cuál es la forma del equipo de Sabella ¿Tiene forma?
Argentina es, al menos dentro del conjunto de los equipos más poderosos, el único que no tiene identidad. Perdió su DNI entre avión y avión, yendo de la concentración al reconocimiento del campo de juego. En algún lugar. Lo cierto es que no está, y párrafo aparte es el debate de si alguna vez lo tuvo.
Los primeros cuatro partidos de Argentina tuvieron un patrón, que salvo Nigeria – en menor medida – todos los equipo a los que enfrentó (Bosnia, Irán y las máquinas suizas) lo esperaron, en el mejor de los casos, en su campo propio. Algunos, directamente dentro del área propia; O sea, redujeron los espacios a un equipo que los esperaba para matar, que iba a soltar sus naves al viento con el fin aprovechar la velocidad y sacar ventaja. Nada de eso ocurrió.
Primer inconveniente para Sabella: Su equipo se encontró con una pared delante suyo, que no sabe superar. Desde allí la pérdida de movilidad, la falta de huecos para aprovechar la escaladas de Di María; La “crítica” de algunos hacia Messi por no moverse. El 10 inventa cosas para que Argentina gane.
Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín son los que más sufren la falta de comunicación futbolística. A excepción del partido contra los nigerianos, en el que tuvo mucha movilidad y supo tener oportunidades de marcar, el Pipita deambula por la cancha sumergido en las defensa rivales sin chances de crear peligro. Caso similar el del Kun, quien antes de la lesión no pudo ser factor tirado hacia los costados.
Desde la cancha el equipo no dice qué busca, cuáles son sus intenciones. Si es atacar por afuera, con los embistes de Di María, las llegadas por sorpresa de Zabaleta (pocas), las apariciones de un Marcos Rojo que está por encima del nivel que esperábamos. O bien rodear a Messi y así crearle un ambiente propicio para el toque, las triangulaciones, en distintos sectores de la cancha. Si se quiere instalarse en campo rival - antes las circunstancias dadas en el desarrollo del juego - o bien dar una respuesta rápida saliendo de contraataque.
Fernando Gago no da la cuota de fútbol que el técnico esperaba. Esa función podría cumplirla tirado unos metros atrás, más al centro, con la cancha bien de frente y no limitado por la línea lateral. El volante de Boca se diluye tratando de encontrar su ligar en la cancha, y su función en el sistema.
Las cosas no parecen estar tan claras hasta el momento, pero Argentina llegó hasta éstas instancias, porque tiene jugadores mortales, de enorme jerarquía individual, y no sería descabellado pensar en continuar por la senda triunfal. Para saber si Bélgica se animará, habrá que esperar hasta el sábado. Mientras tanto, convencerse de una idea puede ser lo más sano.

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